Infidelidad y heridas de apego: cuando una traición cambia la forma de mirar a tu pareja
Con La isla de las tentaciones de nuevo en nuestras pantallas, vuelven también conversaciones que aparecen cada temporada: ¿una infidelidad se puede perdonar?, ¿quien ha sido infiel deja de querer a su pareja?, ¿es posible recuperar la confianza?, ¿por qué algunas personas parecen superar una infidelidad y para otras se convierte en algo imposible de dejar atrás? Una infidelidad puede convertirse en una herida.
Desde fuera es fácil opinar.
Cuando la infidelidad ocurre dentro de nuestra propia relación, la experiencia es bastante más compleja.
Porque una infidelidad no supone únicamente descubrir que nuestra pareja ha mantenido una relación sexual o emocional con otra persona. En muchas ocasiones, lo que se rompe es algo mucho más profundo: la sensación de seguridad dentro del vínculo.
Cuando la persona que era mi lugar seguro deja de parecerlo
Desde la Terapia Focalizada en las Emociones (TFE), entendemos las relaciones de pareja desde la perspectiva de la infidelidad y heridas de apego. En una relación significativa vamos construyendo, de forma más o menos consciente, algunas certezas: “Puedo confiar en ti.” “Si te necesito, estarás.” “Soy importante para ti.” “Nuestra relación es un lugar seguro.”
Cuando se descubre una infidelidad, esas certezas pueden tambalearse de repente.
La pregunta deja de ser únicamente:
“¿Por qué lo hiciste?”
Y empiezan a aparecer otras mucho más dolorosas:
“¿Te conozco realmente?” “¿Todo lo que vivimos era verdad?” “¿Cómo no me di cuenta?” “¿Me volverá a pasar?” “¿Puedo confiar otra vez en ti?” “¿No fui suficiente?”
Es aquí donde podemos hablar de infidelidad y heridas de apego.
Una experiencia concreta dentro de la relación puede adquirir tal intensidad emocional que modifica la percepción que tenemos del otro y de la seguridad del vínculo. Por qué necesitamos preguntar lo mismo una y otra vez. Después de descubrir una infidelidad es frecuente que la persona herida necesite saber qué ocurrió, cuándo ocurrió, con quién, qué significó o si volverá a suceder.

Desde fuera, e incluso desde la propia pareja, puede surgir la incomprensión:
“Ya te lo he explicado veinte veces.”
Sin embargo, muchas veces no se está buscando únicamente información. Se está buscando seguridad. El sistema de apego intenta comprender qué ha ocurrido para determinar si puede volver a sentirse a salvo. Por eso pueden aparecer hipervigilancia, necesidad de comprobar el teléfono, miedo cuando la pareja tarda en responder, pensamientos intrusivos, imágenes sobre lo ocurrido o una sensibilidad enorme ante situaciones que antes eran completamente neutras.
No necesariamente porque la persona quiera vivir desconfiando, sino porque algo dentro de ella está intentando evitar que vuelva a ser herida. El círculo que puede aparecer después de una infidelidad. Es frecuente que la pareja termine atrapada en un patrón muy doloroso.
La persona herida pregunta, reclama o necesita hablar repetidamente de lo sucedido. La otra persona puede sentirse culpable, cuestionada o agotada y responde justificándose, enfadándose o evitando la conversación. Cuanto más evita uno, más inseguridad siente el otro. Y cuanto más reclama el otro, mayor necesidad de escapar puede sentir el primero. Poco a poco ambos terminan defendiendo posiciones aparentemente contrarias cuando, detrás de ellas, pueden existir emociones mucho más vulnerables:
- “Necesito saber que no volverás a hacerme daño.”
- “Tengo miedo de que nunca puedas volver a verme como antes.”
La TFE trata precisamente de ayudarnos a ir más allá de la discusión superficial para comprender qué está ocurriendo emocionalmente dentro de ese ciclo. ¿Una infidelidad siempre significa el final de una relación? No. Pero tampoco significa que todas las relaciones deban continuar.
La terapia de pareja no tiene como objetivo convencer a dos personas de permanecer juntas a cualquier precio. En algunos casos, el trabajo terapéutico permitirá reparar el vínculo. En otros, ayudará a tomar una decisión de separación de una manera más consciente y menos destructiva. Cuando ambos desean reconstruir la relación, reparar una infidelidad implica mucho más que prometer que no volverá a ocurrir. Implica poder comprender el impacto emocional de lo sucedido. Que quien ha sido herido pueda expresar su dolor desde un lugar en el que pueda ser escuchado.
Y que quien ha causado ese daño pueda acercarse emocionalmente a ese dolor sin minimizarlo, defenderse o huir de él. Solo entonces pueden empezar a construirse nuevas experiencias de seguridad.
Perdonar no es olvidar.
Uno de los errores más habituales es pensar que superar una infidelidad significa conseguir que deje de doler cuanto antes. No se trata de borrar lo sucedido. Tampoco de obligarse a perdonar.
La reparación tiene más que ver con conseguir que ese acontecimiento deje de estar presente en cada discusión, cada retraso, cada mensaje o cada momento de distancia. El recuerdo continúa existiendo, pero deja progresivamente de determinar toda la relación.
Cuando detrás de una discusión hay una pregunta mucho más profunda
En consulta vemos a menudo que las parejas discuten sobre móviles, horarios, redes sociales, celos o terceras personas.
Pero debajo de esas discusiones suelen aparecer preguntas relacionadas con el vínculo:
- ¿Puedo confiar en ti?
- ¿Estás realmente aquí conmigo?
- ¿Sigo siendo importante para ti?
- ¿Puedo volver a sentirme seguro/a a tu lado?
Comprender esas preguntas cambia radicalmente la manera en la que abordamos el conflicto.
Una infidelidad puede generar una herida muy profunda. Pero cuando existe voluntad por ambas partes, también es posible trabajar para comprenderla, procesarla y valorar si puede construirse una nueva forma de estar juntos.
En Samar Psicología Zaragoza trabajamos la terapia de pareja desde la Terapia Focalizada en las Emociones (TFE), poniendo el foco no solamente en aquello por lo que la pareja discute, sino en el vínculo emocional que existe detrás del conflicto.