Search on this blog

Search on this blog

Contáctanos

614 30 30 67

El peso de sentir que no importas:

Cómo nos afecta haber sido “invisibles” de niños

En la naturaleza, esconderse es una forma de sobrevivir. Un animal que no es visto está a salvo. Sin embargo, para nosotros los humanos, ocurre todo lo contrario: necesitamos ser vistos para sentir que existimos y que valemos la pena.

Cuando de niños nuestros padres no estaban “ahí” realmente —quizás porque estaban muy estresados, tristes o demasiado ocupados con sus propios problemas—, aprendimos a esconder nuestras necesidades para no molestar. Crecimos pensando que, para que nos quieran, lo mejor es ser un “niño bueno” que no pide nada.

¿Es vergüenza o es culpa?
Es muy importante entender la diferencia entre estas dos sensaciones porque a menudo las confundimos:

La Culpa: Es pensar: “He hecho algo malo”. Es un sentimiento sobre una acción que podemos arreglar.
La Vergüenza: Es mucho más profunda y dolorosa. Es pensar: “Yo soy malo” o “Hay algo roto dentro de mí”.

Cuando alguien crece sintiéndose invisible, no siente que “hace” cosas mal, sino que siente que “él mismo” es el problema por el simple hecho de tener necesidades o sentimientos, es el peso de sentir que no importas.

¿Cómo vive un adulto que se sintió invisible?
Esa sensación de “no valer nada” no desaparece al crecer. Se queda grabada y se nota en el día a día de estas formas:

Te cuesta muchísimo pedir ayuda: Sientes que tus necesidades son una molestia para los demás.
Eres tu peor juez: Te criticas constantemente y te obsesionas con lo que haces mal. Esto puede hacer que te sientas muy triste o agotado emocionalmente.
Crees que “si te ven de verdad, no te querrán”:  Te da miedo que los demás descubran ese “yo” que tú crees que es defectuoso o “basura”.
Te cuesta decir “no”:  A veces aguantas tratos malos o personas que te controlan solo porque, por fin, alguien te está prestando atención.

El camino para sentirte mejor: La autocompasión
Sanar no significa entender con la cabeza lo que te pasó, sino empezar a “tratarte con cariño desde el corazón”. Las fuentes nos dan tres consejos clave para empezar hoy mismo:

1. Sé amable contigo: Cuando cometas un error, en lugar de insultarte, háblate como le hablarías a un mejor amigo que está sufriendo.
2. No estás solo: Recuerda que sentir dolor es parte de ser humano. No eres el único que se siente así.
3. No ignores lo que sientes: Si estás triste o enfadado, permítete sentirlo un momento sin juzgarte. No intentes taparlo rápido.

La vergüenza crece en el silencio y la soledad. Empieza a perder su fuerza cuando te das cuenta de que “lo que te pasó no fue culpa tuya” y que mereces ser escuchado y respetado, tal como eres.

Pilar